El Sector Ganadero de Casta: Tradición, Economía y Realidad Nacional SAG CAUCA
Por: Equipo Editorial SAG Cauca
Desde la Sociedad de Agricultores y Ganaderos del Cauca (SAG), abrimos un espacio de reflexión técnica y gremial basado en los planteamientos de Enrique Álvarez Q. sobre la situación de las minorías productivas y el sector de la tauromaquia en Colombia. En un país diverso, es imperativo analizar las actividades rurales no solo desde la emoción, sino desde los datos y su aporte al desarrollo nacional.
Ejes de Análisis Institucional
Aporte al Sistema de Salud y Economía: La actividad ganadera de lidia ha demostrado ser un motor de recursos para el bienestar social; un ejemplo claro es Cali, donde la fiesta aportó $17.000 millones de pesos destinados exclusivamente a hospitales para salvar vidas humanas.
Bienestar Animal y Genética: Se destaca que la crianza del toro bravo es un proceso de selección genética de más de 500 años. Estudios de la Universidad de Córdoba (España) señalan que la fisiología de estos ejemplares, mediada por la adrenalina, es un factor determinante durante la lidia.
Sostenibilidad Ambiental: Las ganaderías de casta son actualmente reconocidas a nivel global como enclaves fundamentales para la protección de ecosistemas.
Contraste con la Ilegalidad: El sector formal enfrenta desafíos frente a la ilegalidad en otras cadenas; según el Invima, solo el 14% de las plantas de procesamiento de cárnicos en el país cuenta con licencia sanitaria.
Coherencia en las Políticas de Protección: Mientras el debate se centra en actividades reguladas, el tráfico ilegal de fauna silvestre en Colombia sigue siendo una amenaza crítica, con más de 18.000 especies incautadas por la Policía solo en 2019.
Conclusión Gremial
Para la SAG Cauca, el debate debe elevarse hacia la protección de todas las formas de producción rural que operan bajo el marco de la ley y que generan empleo y recursos para el país. La defensa de la identidad agropecuaria requiere un análisis integral que reconozca tanto el valor cultural como el impacto económico positivo en las regiones.
¿ESPECTÁCULO
SANGRIENTO?
Por
Enrique Álvarez Q.
Definitivamente,
Colombia es un país de minorías.
Hay
minorías religiosas, étnicas, sexuales, incluso de algunos deportes
minoritarios como caza, pesca o tejo. También en los espectáculos son minorías
los galleros, los del coleo, los de las corralejas y, por supuesto, los TAURINOS.
Curiosamente,
el espectáculo más sangriento de este país, no es ninguno de los anteriores.
Es, sin duda, el deporte nacional, el fútbol. El cual, en años recientes según
datos oficiales, ha dejado cerca de 150 seres humanos muertos por cuenta de las
llamadas "barras bravas". Pero ese tema no lo tocan los políticos.
Tampoco
se oyen a esos jóvenes que insultan y escupen a quienes asisten a una corrida,
pero callan cuando, por ejemplo, la guerrilla asesina a once soldados mientras
duerme. Son seres humanos y pareciera que esta sangre vale menos que la de unos
toros.
Los
toros han sido criados en los últimos 500 años en España, Portugal, Francia,
México, Perú, Ecuador, Venezuela y Colombia, hasta lograr la actual casta del
toro bravo.
Casta
que hace al becerro recién nacido dar sus primeros pasos embistiendo al vaquero
que va a comprobar el sexo.
Sin
negar la presencia de la sangre en la corrida, y que no tiene por qué gustar a
mucha gente, se debe entender que hay un factor en la genética del toro que
reduce su sufrimiento durante los veinte minutos de la lidia, y es, la
adrenalina.
De
la misma manera como el torero está bajo una intensa adrenalina de cara a los
pitones en los que se juega su vida y puede recibir una grave corneada y seguir
toreando hasta matar el toro (recordemos casos como el de José Tomás o
Padilla), igualmente el toro soporta la lidia para la que ha sido criado. Esto
está comprobado en estudios de la Universidad de Córdoba en España, que hizo
una investigación sobre el efecto de la adrenalina en 4 mil toros de lidia.
Invitamos
entonces a esos defensores de la Fauna a que vayan a un matadero donde se
sacrifican anualmente 3.400.000 reses que se comen en Colombia y las vean cómo
llegan después de un viaje de días del Putumayo o Caquetá; muchas veces muertas
en el camión pisoteadas. O que las escuchen mugir y vean temblar mientras
huelen la sangre durante horas. Nuestros toros viajan en cajones individuales
en los que se pueden acostar y recibir agua y comida.
O
que salgan estos mismos anti-taurinos a defender a los cientos de personas que
anualmente se intoxican y mueren porque sólo el 14% de las plantas de
procesamientos de cárnicos (bovinos, porcinos y aves) cuenta con licencia
sanitaria para operar según el Invima. O porque los animales ya vienen
intoxicados con venenos, mordeduras de serpientes o atiborrados de algún
garrapaticida. https://ojo-publico.com/1472/la-carne-que-comemos-asado-e-ilegalidad-en-colombia.
Esto jamás sucedería en una ganadería brava, hoy consideradas en el mundo como enclaves de protección de ecosistemas.
Es
una pena que las mismas autoridades gubernamentales y municipales que,
anteriormente suplicaban y lagarteaban boletas y palcos por las corridas de
Cali, sean quienes hoy en día y en aras de unos votos, promuevan este ataque
contra la Tauromaquia y callen, por ejemplo, ante la compraventa de aletas de
tiburón en Buenaventura para vender en el Japón, o ante el tráfico ilegal de
animales silvestres en Colombia. Tráfico que deja unos datos escalofriantes y
por los que ningún político o anti-taurino se despeina. Para 2019, la Policía
incautó 18.409 especies y en lo que va de 2020 llevan 9.466. Sin embargo, según
la Interpol, las incautaciones solo representan el 10 por ciento de todo este
movimiento.
¿Por
qué no hablan estos mismos políticos de los beneficios económicos que genera y
les ha generado la fiesta brava en todo Colombia? Sólo en Cali recordemos cómo
nuestra "sangrienta" fiesta aportó, sólo en hospitales, diez y siete
mil millones de pesos en los cuales se salvan aún muchas vidas y se evita que
corra sangre humana. ¿Y qué sucedería sin los millones que genera Manizales con
su feria? Pero esto ningún político lo quiere ver y si lo vio no lo recuerda.
Qué
le vamos a hacer. Es obvio que protestar por la lidia y muerte de unos toros
produce más votos que protestar por los hechos sangrientos que se viven a
diario en Colombia. Y aunque se está haciendo una gran labor de defensa de la
Tauromaquia en este país y en el resto del mundo, quizás debemos revisar mejor
qué están haciendo las otras minorías —algunas de ellas sin duda muy violentas
y sangrientas— para que los políticos se las pasen todas.
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